María y Marcelo, compromiso de juventud

La magia del amor, diez meses y un océano de por medio les bastó a esta pareja sevillana para saber que estaban hechos el uno para el otro, y así fue como Marcelo preparó, cuidadosamente y desde la distancia, la pedida de mano que tuvo lugar en Atenas, lugar de residencia de María en esos momentos con motivo de una beca de estudios. Fue una pedida romántica y cargada de tradición. «Me pidió que cerrara los ojos y me dijo varias palabras, hasta que abrí los ojos y me extendió el anillo de compromiso», así rememora la novia el momento.

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Deseaban una ceremonia sencilla y armoniosa, y siguiendo estas premisas se dieron el “Sí, quiero” en la iglesia de Santa Marina en Sevilla. El posterior banquete tuvo lugar en la Hacienda Azahares en la localidad de Espartinas, a escasos kilómetros de la capital hispalense. Deleitaron a sus invitados con un almuerzo servido por el catering de la propia hacienda para los que la novia tiene palabras de elogio: «al conocerlos sabíamos que tenía buena calidad, cantidad y buen servicio». La ornamentación de los espacios también fue obra de la propia hacienda con las indicaciones de la familia.

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En manos amigas

El vestido de novia elaborado en crepé y seda lo firmó Higar Novias. «Era ideal», remarca nuestra protagonista. Dada la sencillez que le caracteriza, María optó por un estilismo sobrio, todo en su justa medida. Por ello tan sólo portó unos zapatos de la firma Unisa, pendientes de plata de la joyería Dasil y una corona de porcelana fría confeccionada artesanalmente por su prima, encargada de la firma Laurena tocados, realizada con capullitos de azahar y peonías, con tonos diferentes de blancos y azulados.

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Encomendó su look a las manos expertas de un amigo de la familia, ya retirado, quien regentó la antigua peluquería Chías y, además, también peinó a su madre el día de su boda; mientras que del maquillaje hizo lo propio una amiga. Y como la confianza es fundamental en un día tan importante, el ramo de novia también fue elaborado por una amiga de la familia, al igual que la confección de los trajes del cortejo nupcial que les acompañó.

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La firma Pepe Prieto fue la elegida para engalanar al novio para la ocasión. Marcelo nos cuenta que fue «el diseño y la eficacia del trabajo» lo que hizo que se decantase por ellos. Completó el conjunto con unos zapatos clásicos, regalo de la firma, y un pañuelo de seda y gemelos de plata con sus iniciales y las de la novia en el grabado, regalo de sus mejores amigos.

De una pedida en Atenas a una banda de Boston

La nota musical para amenizar la velada, llegó de la mano de dj Pablo, también conocido de los novios. Nuestros protagonistas cuidaron todos los detalles y por supuesto, el baile nupcial no podía ser menos. Sorprendieron a sus invitados con la canción de Aerosmith I Don´t Wanna Miss a Thing. El tema de “Los chicos malos de Boston” se simultaneó a mitad del baile con un popurrí de canciones.

Por último, sobresale la labor de José Junco Photography, amigo de los novios, quien captó todos los momentos que permanecerán en el recuerdo de estos jóvenes novios y de sus respectivas familias.

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Imágenes: José Junco Photography

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